AVISO

Este fic contiene sólo recreación sobre hechos del pasado. No contiene spoilers. Todos los personajes y lugares pertenecen a G.R.R. Martin

martes, 2 de abril de 2013

Capítulo 10


JAIME
            El día de su nombramiento como capa blanca había llegado. La noche antes, Lord Whent había celebrado una recepción para sus invitados. Jaime asistió en calidad de futuro miembro de la Guardia Real, junto a Ser Barristan Selmy y Ser Arthur Dayne, que lo arroparon en todo momento. Cuando entró al salón principal de Harrenhal, todo el mundo estaba allí, esperando la llegada del rey y su familia. Aerys, con su aspecto descuidado y sucio, daba una imagen decadente de la dinastía, mientras que el príncipe Rhaegar era todo lo contrario: destacaba sobre el resto de los invitados por su juvenil belleza y su porte de caballero. Incluso ofreció un recital de música animado por el anfitrión. Durante la cena, Jaime estuvo observando a las personas que allí se congregaban. Le llamaron la atención los Stark, sobre todo dos de ellos: el hijo mayor de Lord Rickard y su joven hermana, llamada Lyanna. Brandon Stark podía rivalizar con el propio Jaime en gallardía. Era un tipo alto y fornido, con una espesa barba oscura y el cabello como el carbón. Se movía como pez en el agua con las jóvenes que se le acercaban, todo lo contrario que uno de sus hermanos, al que se le veía muy tímido. Rió para sus adentros al pensar que Brandon y él podrían haber sido cuñados al estar el Stark prometido con Catelyn Tully. Por su parte, Lyanna le sorprendió por su belleza natural, sin adornos. No tenía nada que ver con Cersei, cuyo atractivo era indiscutible, pero el de la norteña era distinto, más salvaje. Su pelo era oscuro, mientras que el de su hermana era dorado, y los ojos no eran verdes, sino grises pero muy cálidos. Se preguntó si estaría prometida y la respuesta le vino en el momento en el que vio al señor de Bastión de Tormentas, Robert Baratheon, echarle la mano por el hombro y besarla en la mejilla. «Un joven con suerte», pensó para sí. Sin embargo, mientras que Rhaegar tocaba y cantaba, observó que la muchacha estaba ruborizada y hasta emocionada con el príncipe. Lo que más le chocó fue su genio: tiró una copa de vino sobre el más pequeño de los Stark porque se estaba burlando de ella.

            El lugar de las justas lucía con todo el esplendor que Lord Whent podía darle. Numerosos estandartes adornaban el recinto y proclamaban la importancia del torneo. Jaime estaba nervioso por si se equivocaba durante el ritual de su nombramiento. El graderío estaba atestado y no quería hacer el ridículo delante de los que serían sus señores a partir de ese momento. Por otra parte, deseaba más que nada en el mundo participar en el torneo, aunque se entristecía al pensar en que nadie de su familia estaba allí para darle ánimos. Ese día no había podido pelear en las justas y tuvo que conformarse con ver la mediocre actuación de los hijos del anfitrión. Su deseo era coronar a Cersei como Reina del Amor y de la Belleza, a pesar de lo que la gente pudiera pensar. Estaba confuso, trastornado, desde que perdió la virginidad con su hermana. Por un lado quería proclamar a los cuatro vientos que la amaba, pero por otro entendía que lo suyo era imposible… Un redoble de tambor lo sacó de sus cavilaciones. Anunciaba que la ceremonia iba a dar comienzo. Ser Gerold Hightower, Lord Comandante de la Guardia Real, era el encargado de nombrarlo Hermano Juramentado. Vestía el uniforme de lujo de los capas blancas y su armadura brillaba casi con luz propia. Con un gesto de la mano, apremió a Jaime a acercarse. Ser Barristan Selmy le dio un golpecito en el hombro para transmitirle su ánimo. El muchacho llegó hasta donde estaba Ser Gerold y lo acompañó al lugar para la ceremonia: justo debajo del palco real. El rey tenía una sonrisa maliciosa y los ojos desprendían algo que Jaime no supo identificar. Rhaegar, por su parte, transmitía serenidad y su rostro era serio. Aerys se puso en pie para tocar la espada del Lord Comandante. Pasó una de sus largas uñas por el borde cuidadosamente. «Ésta es la Espada del Honor. Haced de ella vuestra vida para proteger a los Siete Reinos», dijo. «Así sea», contestaron todos los capas blancas presentes al unísono. Ser Gerold miró a Jaime, que se había arrodillado. «Un nuevo miembro viene a unirse a nuestra familia, la más sagrada, la más noble, la más alta. Que su juramento perdure hasta que sus ojos se cierren, su corazón se pare y su aliento desaparezca.» Puso la espada sobre su hombro derecho. Era el turno de Jaime. «Desde hoy y hasta mi muerte renuncio a una esposa, a unos hijos, a un título, a unas tierras, a un hogar. Soy de mi Rey, a él pertenezco y a su familia protejo con mi vida, que no es mía. Moriré por él y para él. Lo juro por mi honor y el de mi casa.» «Así sea», repitieron todos. Ser Gerold le colocó una capa blanca. Ya era el Hermano Juramentado más joven de la historia de la Guardia Real.
            El día transcurrió entre celebraciones con sus nuevos hermanos y, ya por la noche, se unió a ellos para presentarse ante Aerys. Jaime ardía en deseos de que llegara el día siguiente y lucirse en el torneo. Le gustaba la idea de enfrentarse a Brandon Stark o al mismísimo príncipe Rhaeagar. Pero sus ilusiones fueron aplastadas por la decisión del rey de enviarlo de inmediato a Desembarco para proteger a la reina Rhaella y al príncipe Viserys. Se consoló al pensar en que volvería a ver a Cersei.

5 comentarios:

  1. "El rey tenía una sonrisa maliciosa y los ojos desprendían algo que Jaime no supo identificar." Qué capullo >.< Vaya racha de reyes que ha habido últimamente en Poniente, no se salva ni uno.

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    1. Qué pena que Rhaegar no llegara a reinar. Hubiera sido un excelente monarca u.u

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    2. Desde luego, era el rey que Poniente necesitaba.

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  2. Yo también lo lamento por Rhaegar... ¡Qué distinta habría sido la historia si él hubiese podido reinar¡

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    1. Martin nos hubiera ahorrado mucho rollo, jajaja.

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